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OPINIÓN

El carnaval no se priva de nada

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Foto: Gentileza

De pequeña, iba mucho a los carnavales de la avenida. Me encantaba ver las comparsas, estar en la tribuna de Ará Berá y disfrutar de esas noches que eran eternas, pero todo era alegre y lujoso. Recuerdo la gente que ataba su silleta la noche anterior para encontrar la mejor ubicación y poder ver a su comparsa. Era majestuoso todo. Siempre soñé con participar del corso, a tal punto que en casa jugaba, como otros de mi edad, al carnaval de comparsas.

Los años me llevaron a desarrollar una actividad apasionante: la de producir grandes eventos y shows de artistas nacionales e internacionales. Y el destino quiso que aquel juego hogareño se convierta en un desafío que siempre me llenó de orgullo y alegría.

En el año 2000, con Carnavales Correntinos, organizamos el inolvidable espectáculo de la avenida con la participación de artistas de la talla de Rodrigo y figuras del ambiente nacional.

De ahí en adelante, me acerqué de otro modo al carnaval.

Entendí que detrás de lo que vemos, hay una enorme industria de familias trabajadoras que se desloman por brindar lo mejor. Eso que comprendí lo hice carne y busqué, desde mi lugar, mejorar un espectáculo que en sí mismo ya era enorme. Así fue que desde el año 2000 los corsos se vienen desarrollando con una “pata” privada, que ayuda a comparsas, agrupaciones, pero también a lo mejor para el espectador. Pasaron distintos organizadores y pasamos por diferentes escenarios antes de anclar en el corsódromo que hoy tenemos.

En todo este tiempo trabajé a destajo para que nuestro carnaval esté a la altura de los mejores espectáculos del mundo. No fue fácil, pero lo hicimos entre todos: dirigentes, comparseros, empresarios, Estado y el público, que siempre nos brinda su apoyo.

En el tiempo que me tocó, busqué dar vuelta la fiesta, transformando el modo de concebir el espectáculo, pensando en el artista pero, sobre todo, en el público. La pata privada hizo un enorme aporte a la fiesta: le dio vida apostando a sus creadores y a las organizaciones que contienen a los comparseros, que son el alma de la fiesta. Esta articulación y el trabajo en red entre todos los actores le devolvieron el brillo carnestolendo que nunca debió perder.

Tenemos por delante un desafío enorme. Este año, la pandemia impidió que nuestra fiesta vea la luz. Entre todos debemos trabajar por un 2022 a todo ritmo. Que la alegría se apodere de todos y que estos días tristes queden en el olvido.

A mí me encontrarán siempre en la construcción de un carnaval grande como nos merecemos todos. Siempre lo hice y lo seguiré haciendo. ¡FELIZ CARNAVAL PARA TODOS!

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