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GÉNESIS DE LA FIESTA

60 años del carnaval comparsero

Una de las expresiones más populares y deslumbrantes de la provincia está de festejo. Este año, con la particularidad de una celebración postergada para cuando se pueda disfrutar de Momo en toda su plenitud. República de Corrientes repasa la rica historia y los actores de la fiesta más grande de la Argentina.

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Foto: Gentileza

Dicen que fue una familia la que empezó todo. Dicen que sus parientes libreños le dieron de probar aquella fiesta que se hacía del otro lado de la provincia, a escasos pasos de un Brasil que tiene este tipo de festejos en su ADN. Dicen también que fue al revés la cosa. Y que los que promovieron salir a divertirse de un modo menos mamarrachero como el que hasta entonces se acostumbraba fueron los de la vereda de enfrente. Dicen que unos empezaron y que un presidente de la hasta entonces comisión central le pasó el dato a sus hijos, para que se armaran. Dicen que, en realidad, los mismos murgueros fueron perfeccionando lo suyo. Que de no ser por ellos, la cosa no hubiera llegado hasta donde llegó. Sea del modo que sea, en algo todos coinciden y al unísono dicen: por alguna razón, hace ya 60 años, Momo se halló tanto en Corrientes que empezó a hacer de las suyas, dando lugar a un espectáculo de enormes dimensiones. A punto tal que no hubo quién no se haya rendido a los pies de nuestro carnaval. La alegría desbordante y la diversión genuina se juntaron con las ganas de ponerle un toque distinto a cada una de las prendas que, a lo largo y a lo ancho de calles céntricas, avenidas, costaneras y espacios propios, supieron y saben lucir de un modo tan particular, que deja con la boca abierta a cada visitante ocasional o turista que visita en febrero nuestra tierra.

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Foto: Gentileza

El esplendor, el lujo, la magia, la música, el desarrollo de temas… son tantas las razones por las cuales Corrientes llegó a ser reconocida como la Capital Nacional del Carnaval, que cuesta entender cómo aún hoy todo se mantiene por pura pasión genuina. Por amor. Porque sí. Nadie o casi nadie hace las cosas de ese modo en un mundo que hoy se mueve con reglas impuestas por el mercado. Sin embargo, la esencia sigue intacta. Si no, pregúntenle a cada uno de los que se pasa horas, días meses, bordando, armando, ensayando. Solo para darse y dar una alegría.

De esas que solo se explican desde adentro. Hoy. Y hace 60 años atrás.

Primeros pasos

El carnaval de Corrientes es una herencia rica que viene de Brasil y que alguna vez supo cruzar el charco para alojarse en Paso de los Libres y dar lugar a la aparición de expresiones mixtas, que combinaban el estilo del vecino país con la impronta correntina. Por entonces, los únicos tambores que sonaban distinto en la provincia eran los de Carumbé y, más adelante, Zum Zum. Aquí, en la capital, nada de eso ocurría. Los festejos callejeros de carnaval se basaban en lo que las murgas, las carrozas barriales, los mamarrachos y máscaras sueltas brindaban a su paso, para celebrar la llegada de Momo según marcaba el calendario. El repique de los tambores libreños no se oían en las costas del Paraná y las distancias entre una punta y otra de la provincia eran aún infinitas. Igual, el destino y “la parentela” quiso que alguna curiosidad se despertara en parte de las familias capitalinas, para primero presenciar lo que pasaba del lado del río Uruguay y luego comenzar a gestar una idea propia para el festejo en Corrientes.

Así fue que las familias que poco y nada tenían que ver con lo que hasta entonces desfilaba por la antigua calle Junín se juntaron para “armar algo”.

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Foto: Gentileza

Los jóvenes empezaron a movilizar el espíritu alegre que hasta entonces no encontraba mucho espacio para la diversión ligada al festejo carnavalero. Febrero de 1961 fue el primer paso hacia algo que, en adelante, no pararía de crecer. Dando vueltas todo lo que hasta entonces se veía en la ciudad, esos grupos de amigos, conformado por chicas y chicos, se pusieron a desfilar con alegría y entusiasmo, animando a propios y extraños, con la particularidad de que quienes allí estaban divirtiéndose lo hacían a cara descubierta. Es decir, sin querer queriendo, el carnaval empezó a transformarse, dejando de lado la idea enmascarada y dando inicio a un concepto que, con el tiempo, recaería en el cuidado de la estética. Junín fue más fiesta que nunca. Las animadoras del carnaval tenían su identidad propia: Ará Berá y Copacabana se metieron en la gente de modo tal que pronto ambas se llenaron de adeptos, simpatizantes, hinchas y fanáticos. La calle céntrica pronto quedó chica y el espectáculo que ya era se trasladó a la costanera.

Vestuario, escuelas de samba, plumas, color, brillo, carrozas, reinas… El carnaval no paraba de crecer y de recibir a curiosos turistas que empezaban a llegar con más frecuencia a nuestra tierra, llamados por la fama que iba adquiriendo el festejo de Momo en esta parte del país.

De trajes y marchas

Si algo distingue a nuestro festejo caté es el vestuario, la forma en que concebimos el carnaval, a la hora de saltar a la cancha. Pero esa concepción viene dada desde la elección de temas que identifican a los actores.

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Foto: Gentileza

Casi desde el inicio de la historia de las comparsas, se montó la idea de darle año a año un distintivo particular a lo que se expondría en el desfile. Y los temas fueron motivo de asombro, de sorpresa, de burlas, de destaques. Ellos y las famosas marchas que tanto se reconocen no solo puertas adentro de la fiesta local.

Las marchas que aún hoy se tocan y se cantan nacieron en la década del 60, casi con el inicio de la historia de Momo en Corrientes. Al principio, las escuelas de samba hacían sonar covers que adaptaban su letra al nombre de la comparsa. En 1962, la marcha de Copacabana suena por primera vez e inmortaliza un canto, un estilo, un rito, un sentir. Pronto, Ará Berá pondrá en marcha su marcha, dotándole al carnaval de canciones que perduran de generación en generación. 

El carnaval es puro show
¿Cómo es que un ciudadano de a pie se transforma en comparsero? ¿Cómo deja su vida para dar lugar al artista que vive en él? ¿Cómo y por qué la bella mujer de antes y de ahora es capaz de abandonar todo por ir a ensayar? ¿Cuál es la razón que lleva a una familia o a una persona a invertir sus ahorros en uno o varios trajes?.

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Foto: Gentileza

Los que piensan que el carnaval es joda o broma poco entienden de pasiones. Porque no existe razón alguna para hacer lo que hace un comparsero o una comparsera, que se desviven por llegar a tiempo con trajes, tocados, espaldares, por ensayar la coreografía, por practicar los cortes en la escuela de samba. El carnaval en Corrientes se toma y se vive con seriedad y responsabilidad, a punto tal que, hasta hace no mucho tiempo, los de una y otra comparsa no se hablaban en tiempos de corsos, por más que fueran amigos de toda una vida. Momo también sabe de peleas “mayores” y adolescentes, de competencias no tan leales, de resultados no aceptados. Y este carnaval también, conoce de un fenómeno que pocas veces se ha visto: los shows de comparsas. Cualquiera que ve de afuera, no logra comprender ese espectáculo teatral que las animadoras impulsan. Los show son, en realidad, consecuencia de lejanos tiempos en los que a los desfiles de las comparsas por calles o avenidas, los protagonistas les iban agregando muestras de destreza y creación artística, delante del palco oficial y de jurados del carnaval. Dichas presentaciones coreográficas retrasaban el paso y
demoraban el desarrollo del espectáculo. En 1976, el Club San Martín ve nacer a los shows, que luego pasarían por el Club Lipton, el Club Huracán y el mítico Club Juventus. Más adelante, los shows arribaron primero al hipódromo, para instalarse con fuerza en el anfiteatro Cocomarola y hallar allí el espacio ideal para capturar la atención de un público que no deja de sorprenderse

DE AYER A HOY: NO PARAMOS DE CRECER

Después del accidente de Ará Berá y la ausencia del Rayo en la edición del año 79, muchos pensaron que el carnaval se iría apagando. Sin embargo, la fiesta pudo y supo continuar, reponerse del dolor y avanzar hacia un espectáculo que se fue multiplicando. Por entonces, las grandes animadoras de la fiesta estaban siempre acompáñadas de Dandys y otras expresiones humorísticas; de comparsas menores, barriales, de máscaras sueltas. En el año de la ausencia araberacera, Copacabana le rindió homenaje haciendo sonar su marcha en un corso que mezclaba sonrisas con lágrimas. Luego vino una transformación más para el carnaval: las diferencias internas entre dirigentes, socios y simpatizantes de Copacabana dividieron a la comparsa y el carnaval recibió a una nueva animadora. Sapucay dio sus primeros pasos con la llegada de la década del 80. Sin embargo, la ilusión de poder ver a las tres grande compitiendo, se fue rápido. Porque, pronto, el carnaval se llamó a silencio. Los trajes, las plumas, los bombos, las trompetas quedaron guardadas por unos años hasta que, en 1994, la llegada del carnaval del interior a la costanera correntina movilizó a los nuevos jóvenes, que de algún modo empujaron a sus mayores y fundadores del festejo a recuperar lo perdido.

Algo que ocurrió al año siguiente, en 1995, cuando de nuevo las tribunas desbordaron de gente y las comparsas recuperaron el espíritu dormido.

Desde entonces y hasta la fecha, Momo no ha parado de crecer, ya que hoy son cuatro las animadoras del carnaval mayor (Ará Berá, Sapucay, Copacabana y Arandú Beleza) y otras tantas agrupaciones musicales le ponen un plus particular (Samba Total, Imperio Bahiano, Sambanda, Samba Show y Kamandukahia). Hoy, además, el carnaval cuenta con casa propia: un sueño de tantos, que fue concretado por el Gobierno de la Provincia. Además, los barrios han hecho crecer el espectáculo de un corso que conjuga la esencia de la primera fiesta en la que las murgas eran las principales animadoras, con el crecimiento de nuevas comparsas que representan a cada sector de la ciudad. En suma, hay hoy un carnaval que, para muchos, puede parecer distinto, pero que mantiene la misma razón de ser. Esa que impulsó a unos pocos a salir a la calle a divertirse. Esa que dio vida a un festejo hasta entonces opaco. Esa que vino para quedarse. Esa que colocó a Corrientes en lo más alto, convirtiéndola en la Capital Nacional del Carnaval.

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