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ENCRUCIJADAS DEL SIGLO XX

La ciudad, escenario y protagonista en el siglo del fenómeno urbano

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Estación La Plata. La estación del tren, a principios de siglo, un medio de transporte adecuado para unir ciudades. Foto: Gentileza

El surgimiento de la ciudad como fenómeno social puede remontarse hasta la antigüedad, mencionando algunos casos emblemáticos como Babilonia, Jerusalén, Atenas y Roma. No obstante, a comienzos del siglo XX, solo el 14 % de la población mundial habitaba en ciudades, una cifra que se triplicó durante el siglo pasado, y se llegó al año 2000 con casi la mitad de la humanidad habitando áreas urbanas. Otro dato revelador es que, en 1900, había 11 ciudades que superaban el millón de habitantes, pero cien años después ese número se multiplicó a 283 conglomerados urbanos. 

Con la Revolución Industrial y el auge del capitalismo, desde el siglo XIX la ciudad se convirtió en un espacio de concentración del comercio, la industria y los servicios, cuya característica principal era la alta densidad poblacional en espacios relativamente reducidos, donde generalmente se identificaba un centro administrativo - comercial y una periferia conformada por áreas habitadas por nuevos pobladores emigrados y zonas industriales y otras para producción agrícola intensiva. 

La Revolución Industrial también trajo aparejadas innovaciones tecnológicas que impactaron de lleno en el desarrollo del fenómeno urbano: los transportes y las comunicaciones. En la segunda mitad del siglo XIX fue el ferrocarril la herramienta que se convirtió en el medio de transporte barato y adecuado para unir las ciudades con las áreas suburbanas y conectarlas a otras poblaciones. También se incorporaron sus variantes urbanas como el subterráneo y el tranvía. Pero fue la invención del automóvil lo que obligó, ya en el siglo XX, a rediseñar pautas de organización urbanística de las ciudades para hacer lugar a este medio de transporte que marcaría la planificación urbana a partir de allí. 

Las grandes capitales europeas tuvieron un protagonismo clave en la primera mitad del siglo XX, periodo en el que ocurrieron las dos grandes guerras mundiales. El de 1914 fue el primer conflicto bélico a escala industrial, donde la población civil de las ciudades fue víctima de acciones militares con el fin de provocar el terror: bombardeos aéreos y con cañones de largo alcance. Paradójicamente, ninguna gran capital cayó en manos del enemigo durante la guerra.

Solo París estuvo a punto de hacerlo en la batalla del Marne al principio de la contienda, con el curioso hecho de que los soldados de refuerzo franceses que aseguraron la victoria fueron enviados al frente cercano a la capital en taxímetros parisinos. En la siguiente hecatombe bélica el drama de las ciudades fue muy distinto: Berlín, Londres, Rotterdam, Hamburgo, Varsovia y otras grandes ciudades europeas sufrieron la destrucción de la guerra total. En el Pacífico sucedió con Tokio, Manila, Shanghái, entre otras. 

La posguerra consolidó el fenómeno urbano a la par de la recuperación de la economía mundial. El crecimiento de la población urbana complejizó la administración y el desarrollo de las ciudades por el surgimiento de grandes conglomerados de millones de habitantes, que aumentaron la escala de forma exponencial. El incremento de la distancia a los lugares de trabajo, los servicios y espacios de ocio, transformaron las periferias con grandes espacios habitados suburbanos, llamados comúnmente ciudades dormitorio. 

Otra complejidad experimentada fue el crecimiento sin pausa de la emigración del campo a la ciudad, y de poblaciones de países en desarrollo a grandes ciudades del mundo desarrollado.

Esto significó un desafío a la gobernanza municipal, por los continuos conflictos sociales y culturales que se fueron originando. Se puede mencionar los casos de los pakistaníes e hindúes en Londres, los africanos en París, los turcos en Berlín y los millones de latinoamericanos en las grandes urbes de EE. UU. Durante la guerra fría cientos de miles de europeos del este se trasladaron al oeste. Después de la caída del Muro, el fenómeno continuó e incluso se incrementó durante los años 90.  

El cambio de escala al mismo tiempo incrementó la visibilización de las desigualdades, sobre todo en las grandes aglomeraciones urbanas del tercer mundo como Ciudad de México, San Pablo, El Cairo, Abuya o Kuala Lumpur. La inseguridad ciudadana, la implicancia del crimen organizado y el narcotráfico constituyeron desafíos mayúsculos que emergieron desde los años 70 en los grandes aglomerados urbanos, que se agravaron por las inestabilidades políticas y las crisis económicas recurrentes de los países en desarrollo, con sus marcadas debilidades en los servicios sociales, de salud y de generación de trabajo. El auge del trabajo informal es un fenómeno genuino del problema urbano de los países en desarrollo y de muchos desarrollados. Con el inicio del proceso de globalización y la emergencia de Asia como nuevo espacio económico relevante para el comercio mundial, el crecimiento de las grandes ciudades del oriente se aceleró en China, Corea, el sudeste asiático y el Oriente Medio. Los avances tecnológicos en la producción agrícola impactaron en la población campesina, porque cada vez se requiere menor mano de obra para producir, lo que aumentó la migración a las ciudades en busca de oportunidades de trabajo. 

La importancia de lo simbólico para las ciudades en la era de la imagen fue otro aspecto que implicó desafíos en términos sociales, económicos y culturales a fines del siglo XX. El turismo masivo, el consumismo desenfrenado, los espacios de ocio y las múltiples ofertas culturales son algunas aristas de cuestiones que atañen a las ciudades contemporáneas. Podemos mencionar como ejemplo el caso de Venecia y sus problemas con la afluencia constante de turistas, que ponen en peligro al patrimonio de la famosa ciudad de los canales. A las puertas del nuevo siglo, la ciudad se consolidó como el espacio social clave del desarrollo humano con sus debilidades, pero también con muchas fortalezas. 

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