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CHARLA DE CAFÉ

San Martín, un legado vivo que impulsa a otros a alcanzar el bronce

Dardo Ramírez Braschi lo dice convencido. Seguro. Y muy a pesar de que los hechos actuales puedan demostrar lo contrario.

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Foto: emiliano sánchez

El doctor Dardo Ramírez Braschi entiende, sin utopías, que la vida por la que transcurrimos tiene espacios reservados para héroes de bronce. Que no llegan ahí por el capricho de una campaña marketinera ni una acción digitada. Que pueden y deben ser parte de la construcción de una sociedad más justa, mas igualitaria. 

Ramírez Braschi dice que alcanza con mirar a esos que a nuestro alrededor entregan "parte de su tiempo libre en pos del otro. Ahí está la muestra de que es factible un cambio. Lógicamente, el mundo en su conjunto no va a cambiar. Nadie puede cambiar el mundo. Lo que sí podemos hacer es mejorarlo, mejorando nuestro entorno". La fecha es la excusa para hablar de historia pero particularmente de la falta de valores profundos y humanos que antes eran comunes a todos y hoy parecen no comulgar con la forma de vida que llevamos. 

En el 170º aniversario del fallecimiento del General José Francisco de San Martín, evocar su figura y traerla a estos días y esta vida es un apasionante desafío. Más aun para un historiador, que resalta en el héroe sus verdaderas virtudes libertadoras. 

 

Lo que mantiene 
vigente a este prócer es su entereza, 
su coherencia

DARDO RAMÍREZ BRASCHI
HISTORIADOR, DOCENTE UNIVERSITARIO

 

“Es muy difícil comparar cuando son casi 200 años de distancia. Pero hay valores que se vuelven intangibles e invariables. Eso que antes abundaba debería existir hoy. Y si miramos detenidamente, más allá de la liberación de los pueblos, más allá de la figura militar, más allá de la constitución del ejército de granaderos a caballo, de la epopeya del cruce de los Andes, de la liberación iberoamericana, de lo que significa San Martín para el Perú Chile y Argentina, lo que mantiene vigente a este prócer es su entereza. Su coherencia.  La defensa de valores y criterios rectos que coincidían con su accionar. Y su nobleza, sin dudas. Una de las mayores muestras de nobleza y amor es esa que está casi escolarizada: las máximas que le da a su hija Merceditas. Allí hay un padre aconsejando a su hija ser una persona de bien; amar lo intangible; respetar a todos. San Martín deja en ella el legado que consiste ni más ni menos que en valorar lo sencillo de la vida”. 


Aquella vida cargada de principios dista bastante de lo que pasa en la actualidad.  Y continúa. "San Martín no solo fue un militar; era un hombre de pensamiento. Le interesaba tanto la independencia como el orden y la construcción de los países. Para él era importante el cumplimiento de la ley, razón  por la cual, por ejemplo, cuando lo designan protector del Perú, su primera medida  fue tratar de organizarlo políticamente. Para que haya un orden y respeto. A tal extremo que en 1821 se genera la primera reglamentación que dará lugar años más tarde (en 1829) a la primera Constitución peruana. Allí, San Martín insistía en la necesidad de que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley. Y tanto los ciudadanos como los países deberían ser libres, en el decir y en el pensar".   

Antes y ahora

El gran problema de la construcción futura, parece ser el pensar en el otro. Al menos eso es lo que entiende Ramírez Braschi si revisa la historia, más allá de fechas y hechos puntuales y se detiene en el pensamiento.

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Foto: emiliano sánchez

Hoy creemos y sabemos lo que se debe hacer, pero no se acciona para que ocurra. Es un desfasaje de la vida actual. Puede pasar que aquellos valores ya no sean del todo bien vistos. Y esto hay que decirlo. Porque la gente prefiere  las cuestiones que tienen que ver con el estricto materialismo personal sin considerar el todo. Y menos al otro. 

El historiador descree de ciertos actos vestidos o disfrazados de entrega y colaboración desinteresada porque, para él, "se perdió un valor determinante: la solidaridad. Porque la solidaridad es un valor que depende de uno mismo. Del individuo, de quien quiere  y siente ayudar al otro. No de que te obliguen a ayudar Eso no es solidaridad. Eso es una exigencia. La solidaridad es cuando la grandeza espiritual de uno entrega al otro, porque está convencido de lo que está dando y haciendo".

 

Las máximas son 
una de las mayores muestras de nobleza
 y amor

DARDO RAMÍREZ BRASCHI
HISTORIADOR, DOCENTE UNIVERSITARIO

 

Cuando habla de esta crisis de valores, nos lleva a pensar e interpretar o tratar de entender el porqué estamos como estamos. Y abona al pensamiento, su decir, respecto de una República que está en crisis porque no abunda el respeto, la palabra y, lo que es peor, el pensamiento y la acción se han vuelto excesivamente individualistas.  

"El ver al otro como igual es también un valor republicano. Ver al otro como alguien que tiene el mismo derecho que vos. Tiene que poder expresarse con la misma libertad que te expresás vos. Del mismo modo, el otro debe respetarte a vos. Eso es República. Tiene una matriz espiritual que considera al otro como igual. En la República el otro es mi igual. Y San Martín pensaba eso. Creía en eso. San Martín, Belgrano y tantos otros  fueron los hombres que creyeron firmemente en hacer este Estado, con esos valores. Siendo ellos ejemplo.  No había dicotomía entre lo que decían y lo que hacían. Hoy eso muy diferente".   

Entiende que los correntinos estamos tan o más comprometidos en la recuperación de aquellos valores sanmartinianos. "Antes, la palabra era ley. La palabra era honor, dignidad. No había lugar para la mentira".  Se entusiasma al hablar del héroe y su actuación. Menciona el cruce de los Andes y, al hacerlo, invita a pensar en la visión de un hombre que proyectaba una tarea difícil pero no imposible. 

Esa figura del gran héroe argentino, que se agiganta en otras latitudes, es la que no debemos perder de vista ni guardarla en un costado utópico, junto a los libros de historia. Por el contrario, la revisión que proponen tanto Ramírez Braschi como otros, tiende a mostrar el camino de lo que alguna vez fuimos y podemos volver a ser. 

"Yo soy optimista. No creo en las utopías. No creo que vayamos a cambiar el mundo. Pero podemos mejorar nuestro mundo". Mientras va y viene por líneas de tiempo imaginarias, el hombre de la  Historia entiende que, más que nunca, hay lugar y ejemplos mundanos para que tantas y tantos puedan hoy alcanzar el bronce. 

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